“Ningún caballo es perro, aunque suelan repetirlo con frecuencia los malos jinetes. Los hombres rebuznan, desde luego, con mucha más facilidad que los caballos ladran” (El Noble Bruto y sus amigos, Adolfo Botín Polanco).
Todo jinete debe tener en cuenta que su caballo es un ser vivo, que también tiene su propia forma de pensar que debemos entender para saber tratarle. Se puede decir casi con seguridad, que el 90% de los jinetes no conocen verdaderamente a su caballo. Es bueno, por tanto, hacer una rápida mención a la psicología del animal. Con ello debemos intentar evitar lo que se suele ver con mucha frecuencia: una lucha entre jinete y caballo.
El caballo tiene cualidades innatas que lo distinguen de otros animales:
1º.- Un carácter natural muy bueno
2º.- Es sumamente sensible
3º.- Es un ser reflexivo
4º.- Es susceptible a las caricias
5º.- Tiene una fantástica memoria local
6º.- Adquiere muy pronto costumbres, a las cuales se aferra
7º.- Es de un espíritu simple
8º.- Es de un carácter o humor parejo y, por tanto, no cambia a cada instante (como el hombre) de sentimientos.
Conocer a fondo estas cualidades y saber juzgarlas (cada caballo las tiene más menos desarrolladas), es indispensable para todo jinete o amazona.
En una palabra, la equitación tiene una exigencia primordial: “que el jinete penetre en los pensamientos del caballo”.
Cuando un caballo tiene un mal comportamiento debemos preguntarnos si no seremos nosotros los causantes. Aunque tiene que quedar claro que el que manda es el jinete y no permitir que el animal se vaya a la cuadra con una mala lección aprendida (en su caso), es muy positivo demostrarle afecto cuando lo está haciendo correctamente y siempre agradecerle los buenos ratos que nos regala.
Montar bien a caballo consiste en mantenerse en todo momento en ese punto difícil donde se conjugan la autoridad y la libertad, la suavidad y la fuerza, el mando y la obediencia.
Santiago Álvarez


